Había tres albañiles trabajando en una construcción. Una persona que pasaba se acercó a uno de ellos y le preguntó: “¿Qué está haciendo buen hombre?”. “Estoy colocando ladrillos, es un duro trabajo con el que me gano el pan del día a día”. Se acercó al segundo y formuló la misma pregunta, a lo que el albañil respondió: “ Estamos colocando ladrillos, construyendo junto el lado norte de esta estructura”. Finalmente se aproximó al tercero, quien ante la pregunta con orgullo dijo: “Coloco ladrillos ayudando a levantar la catedral más hermosa para mi pueblo…”

Todos hacían la misma tarea, pero mientras el primero sostenía un trabajo, el segundo se focalizaba en metas comunes, y el último observaba más allá de la tarea, inspirándose en una visión de gozo, para su pueblo.

Cuantas veces nos ha pasado que, desde una mirada generalizada, cotidiana, creemos experimentar la realidad tangente sintiendo que somos parte de un engranaje que se mueve casi por inercia y cumplimos nuestra labor para seguir siendo parte de esta gran máquina, pero perdemos algo esencial, la inspiración. Inspiración que pareciera existía cuando éramos niños y al preguntarnos los adultos sobre lo que queríamos ser cuando grande, se nos iluminaban los ojitos de ilusiones e ideas hasta el infinito, una brisa soplaba nuestro corazón y se encendía como un fuego sagrado, el fuego de la inspiración latente que necesita abrirse camino en el transcurso de la de vida.

Cuando vamos creciendo y nos convertimos en adultos, muchas veces comenzamos a complejizarnos, las experiencias de vidas nos llevan a transitar a través del dolor, del gozo, del amor, la pérdida, la frustración, del agradecimiento y así vamos transitando por infinitos estados emocionales que conscientes o no, son los estados que finalmente mueven nuestra interna y nos convierten en un tipo de observador y actor de la vida en congruencia con nuestro sentir. Y aquí emergen preguntan: ¿Qué tipo de observador queremos ser en la vida? ¿Cuál es nuestro sentir interno que nos moviliza? ¿Cuál de los tres tipos de albañiles mencionados somos hoy? ¿Cuál queremos ser? ¿Queremos ser el albañil que solo pone ladrillos, o queremos ser aquel que construye junto a otros una visión inspiradora de futuro?

Esta reflexión me hizo conectar con el conversatorio de Peter Wild con el padre Felipe Berríos, quienes navegaron por una conversación simple y profunda a la vez sobre el sentido de la vida, la importancia de levantar la mirada hacia el cielo para conectarnos con ese universo infinitivo de posibilidades que existen para volver a encender y soplar nuestra brasa interna, nuestro palpitar inspirador. Para determinar qué tipo de observador y actor queremos ser hoy, y qué visión de convivencia enriquecedora y respetuosa nos inspira construir entre todos.

Claudia Gleixner
@claudia_gleixner_photography

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