¿Vamos en la dirección correcta?

Estos últimos 10 años ha sido evidente la tendencia y necesidad, de muchos quienes habitamos las grandes ciudades, por cambiar nuestra forma de vida, buscando espacios donde poder conectar de mejor manera con la vida al aire libre, el deporte u otras disciplinas que nos brinden equilibrios mentales, psicológicos y biológicos para nivelar el estrés acumulado por el ritmo de vida vertiginoso.

Por otro lado, la pandemia nos ha llevado a experimentar otras formas posibles de organizar nuestro tiempo, nuestros espacios y seguir siendo productivos laboralmente con tele trabajo o trabajo mixto. Experiencia que ha incentivado la movilidad urbana tanto de jóvenes como de familias tomando la decisión de salir del gran Santiago para vivir en regiones e incluso zonas rurales buscando mejorar la calidad de vida.

Hoy existen diversos proyectos inmobiliarios en zonas costeras y mega loteos de terrenos en zonas rurales, e incluso, en zonas remotas de nuestro país donde nunca pensamos que se emplazarían. Lo cual sin dudas ayuda a descentralizar nuestro país. Sin embargo, muchos de estos proyectos tienen algunas discordancias no sólo con los entornos naturales, sino con la dinámica social y cultural que albergan. Se destruyen bosques nativos, se  afecta el suelo, el agua, la biodiversidad, ecosistemas naturales, y la calidad de vida de comunidades locales, todo esto sin haber de por medio evaluaciones de impacto medio ambiental. Y debemos añadir que amenazan, paradójicamente, la resiliencia de los mismos proyectos inmobiliarios y las ciudades ante eventos extremos, considerando el actual y delicado contexto de cambio climático.

El año 2020 era la fecha para alcanzar las llamadas metas Aichi de diversidad biológica, 20 objetivos esenciales fijados hace 10 años a nivel internacional para frenar la destrucción de la naturaleza en el planeta. Sin embargo, el quinto informe de Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica, dice en forma categórica: no se va a cumplir ninguno de estos compromisos. Chile tiene comprometido proteger 17% de los ecosistemas terrestres. Hay regiones donde no alcanzamos a proteger ni siquiera el 1%.

Si aplicamos esto al campo urbanístico y  a la forma en que estamos construyendo en áreas rurales de alto valor de biodiversidad, visualizo dos grandes problemáticas: la falta de compromiso medio ambiental por parte de quienes diseñan y ofrecen proyectos inmobiliarios,  y un sistema regulador incapaz de cumplir a cabalidad con su mandato.

Una transformación en la institucionalidad ambiental que podría responder a este tipo de problemas, es la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), que se encuentra en trámite legislativo desde marzo del año 2011, hace 10 años… El SBAP tendría la facultad de impedir, cuando corresponda, el cambio en el uso de suelo en terrenos que estén fuera de áreas protegidas, cuando sea en sitios prioritarios para la conservación, aquellos que tienen un alto valor en biodiversidad.

Pero aún se requiere hacer ajustes que determinen con certeza cuando un proyecto inmobiliario debe ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). También determinar cómo juega aquello con la protección de suelos agrícolas, la planificación urbana en el sector rural y las autorizaciones sectoriales que se dan al respecto. Es necesario generar un sistema de permisos y regulaciones articulado alrededor de los planes de ordenamiento territorial.

Desde hace algunos años han habido dos organismos que han comenzado a “rayar la cancha” a las inmobiliarias: la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) y la Contraloría General de La República.

Hoy más que nunca debemos cambiar los paradigmas antiguos, flojos, ciegos, engañosos, para comenzar a diseñar urbanismo desde una mirada más inteligente, vinculante, creativa y respetuosa con todo ecosistema de vida existente.

La conjugación entre sustentabilidad y desarrollo urbano es el principal desafío de los instrumentos de planificación territorial y fiscalización  para los tiempos de hoy y estamos a tiempo de hacer las correcciones necesarias con políticas públicas efectivas.

Pero también la ciudadanía juega un rol fundamental, tanto al elegir los proyectos inmobiliarios como al diseñar sus propias casas. Hoy se pueden diseñar de manera más ecológica pensando en consumir menos recursos, generando a su vez menor impacto medio ambiental o al menos compensándolo. Una casa ecológica sigue el modelo de los flujos de energía y materiales de los ecosistemas naturales. Como un ecosistema, una casa ecológica conserva los recursos naturales como la energía del sol, el agua, los alimentos, los materiales, la biodiversidad local. También produce recursos o al menos reúne y almacena más que los que emplea. Los recursos adicionales se pueden distribuir nuevamente en el entorno. Si estás diseñando tu casa, considera hacerla más ecológica desde el inicio. Hay muchas fuentes de información y profesionales que pueden asesorarte hoy en día en tu proyecto.

Claudia Gleixner
@claudia_gleixner_photography

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